Más allá de la broma de esos violinistas que aseguran que un violonchelo no es mas que un violín con problemas de tiroides,  contemplaremos la posibilidad de hacernos con un ejemplar de ese voluminoso juguete.

      ¿Tenemos alguna ventaja si venimos del violín? Por supuesto que sí. Conocemos que las claves del exito están encerradas en nuestra mano derecha, que será el arco el que dará la expresividad,  el sonido, la dulzura, las inflexiones, la dinámica y sabemos que es el arco el que hace hablar a nuestro instrumento. Conocemos los golpes (si bien la técnica varía, sabemos exactamente lo que buscaremos al ejecutar), tenemos nuesto sentido del ritmo, y tenemos las melodías. Partimos de la base que un violonchelo se afina tambien por quintas, aunque una quinta mas baja que el violin. Por tanto cualquier melodia que ejecutemos en el violin podremos tocarla con el chelo “una quinta mas baja”, pero si somos solistas esto no supondrá mayor perturbación. Tambien cambiará la digitación, pues es evidente  que requiere una mayor amplitud en la apertura de nuestros dedos y lo que en el violin podemos ejecutar con  el meñique (dedo 4) aquí requiere un cambio de posición. El dedo anular (3) en el violín es sustituido por el meñique en el chelo (4).

Salvando estos problemas, en el chelo es mas fácil afinar las notas, pues al ser mayor la distancia entre ellas, serán menores lo errores relativos que cometemos si no pulsamos exactamente en el lugar adecuado. Por el contrario, el agarre del arco puede resultarnos bastante incómodo los primeros días, pues hemos de fortalecer músculos al hacer la presa que distan mucho de ser los mismos que hemos fortalecido en el violín.      Otra piedra de toque es el fortalecimiento de nuestro dedo meñique (4) de la mano izquierda. Veréis. En el violín nuestros dedos  están alineados hacia adelante pues la primera falange del indice (1) junto con el pulgar, sostienen el violín en el cuello del mástil, y eso nos hace  que  los dedos avancen hacia su posición  en un angulo muy agudo con el eje del diapasón. En el chelo, el dedo pulgar se opone a los demás  en un agarre mas natural, así que los dedos están casi perpendiculares al  eje del diapason y si no abrimos bien la mano en su extensión, el dedo meñique sufre al tratar de pulsar lateralmente la cuerda.
 

     Por último hablaros del freno de la inversión inicial. No se trata de comprar un primer instrumento de excelente calidad, pero accediendo al mercado de segunda mano y teniendo presente una serie de pequeños consejos podremos hacernos con un chelo de principiantes por la mitad de lo que cuesta un violin de gama media/baja. ¿que tener en cuenta para comprobar si estamos comprando un instrumento “tocable”? lo primero llevar un par de reglas, una de unos 50 cm y otra de 20 o 25cm. Si apoyamos la regla larga sobre el diapasón y “proyectamos” la longitud del diapason hasta la posición del puente, con la otra regla corta mediremos la altura de esta proyeccion sobre el cuerpo deberá estar en torno a 8cm. Si está muy por encima el chelo será duro de tocar, si está muy por debajo, seguramente el volumen y la proyeccion del sonido del chelo serán deficiente. desechar aquellos que estén por debajo de 7 cm y por encima de 9 cm.
Mirar el asiento de las patas del puente en el instrumento,  el contacto debe ser perfecto. También que el puente no esté deformado ni curvado hacia adelante, que las clavijas rueden sin muchos tirones al afinar las cuerdas, que los “afinaprimas” hagan su función. Y por último la altura de las cuerdas; la cuerda Do se elevará en tono a 6 o 7 mm sobre el final del diapason, mientras que el hueco entre el final del diapason y la cuerda La deberá estar en torno a 4 o 5 mm. Esto es casi lo menos importante pues, si sois manitas, siempre podreis bajar la altura del puente si están mucho mas altas, aunque debeis pedir una buena rebaja si están mas bajas. Mirad el arco, que no esté desviado a derecha o izquierda cuando está tenso, que mantenga sus cerdas planas y sin cruces, que sea capaz de tomar tensión antes de que la vara se enderece del todo, que el tensor gire suave y sin saltos.
Para finalizar hacerlo sonar, y sobre todo en las primera posición, no deberá haber cerdeos de la cuerdas al rozar contra el diapason, si notáis algo raro, comprobad con la regla larga que el diapson no tenga bultos. al contrario, suelen tener una pequeña concavidad a lo largo de toda su longitud, pero esta es uniforma y sin ningun hoyo  ni ninguna abolladura. Si el sonido os convence, el aspecto de las cuerdas es correcto (sin deshilachados ni “mellas”) y “el mueble” no parece que tenga ninguna tara, podréis discutir el precio sabiendo lo que compráis. No necesitais gran cosa para tener un instrumento correcto con el que dar vuestros primeros pasos, pero pensad que un simple cambio de cuerdas puede suponer casi un tercio del precio de un instrumento de principiantes usado. Al fin y al cabo, yo siempre digo que cualquier inversion en instrumentos es relativamente barata… imaginad: yo me compro un libro de la última novela de moda (lo hago muy amenudo) su precio suele estar rondando los 19 euros y lo acabo como mucho en un par de semanas; el coste es de 9.5 euros por semana. Si me compro un violín  por 500 euros y lo toco durante un año, el coste es de 9,25 euros por semana, algo mas barato que la novela de moda, incluso mucho mas barato si fijamos la amortización en un periodo mas amplio y sin olvidar que la inversión puede ser parcialmente recuperable si lo revendemos cuando decidamos invertir en un instrumento distinto.

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